- books
- Killing Spree
- To 2040
- [To] The Last [Be] Human
- fast
- Runaway
- From The New World
- P L A C E
- Sea Change
- Never
- Swarm
- Overlord
- The Errancy
- The Dream of the Unified Field
- Materialism
- Region of Unlikeness
- The End of Beauty
- Erosion
- Hybrids of Plants and of Ghosts
- Earth Took of Earth
- The Best of American Poetry 1990
- All Things
- The Lives of the Poems
- Photographs & Poems
- To A Friend Going Blind
- In the Pasture
- international editions
- Killing Spree (UK)
- Al 2040 (es)
- To 2040 (UK)
- 2040 (IT)
- Til 2040 (NO)
- Runaway (UK)
- Estampida (CA)
- [To] The Last [Be] Human (UK)
- Collected Works (CN)
- Deprisa (ES)
- FAST (UK)
- il Posto (IT)
- Rompiente (ES)
- The Taken-Down God (UK)
- P L A C E (UK)
- Prześwity (PL)
- Shënime nga realiteti i vetes (Albanian)
- FRAZA (PL)
- L'angelo custode della piccola utopia (IT)
- Sea Change (UK)
- Region der Unähnlichkeit (D)
- La Errancia (ES)
- Zwischen den Zeilen (D)
- Overlord (UK)
- Never (UK)
- Swarm (UK)
- The Errancy (UK)
- The Dream of the Unified Field (UK)
- bibliography
- biography
- interviews
- Interview - The New Yorker
- Taking To Heart Unbearable Reality
- Harvard Gazette
- Interview :: PRAC CRIT
- poetryEast with Jorie Graham
- The Art of Poetry No. 85 :: Paris Review
- The Glorious Thing :: American Poet
- Interview :: phillyBurbs.com
- Poets Q & A :: A Smartish Pace
- Daring to Live in the Details :: CSMonitor
- Katia Grubisic :: The Fiddlehead
- Interview :: Poetry Magazine
- Interview :: Thomas Gardner
- Nothing Mystical About It :: Lumina
- Rozmowa :: Biedrzyck i Chruściel
- Interview with Jorie Graham :: Earthlines
- prose
- resources
- contact
Publication Type:
Web ArticleSource:
Détour, Valencia, España (2026)URL:
https://diarios.detour.es/literaturas/jorie-graham-y-el-oceano-negro-se-revela-en-infinito-detalle-a-causa-de-la-luna-por-gema-monlleoFull Text:
Al 2040, de Jorie Graham (La Bella Varsovia) Traducción de Rubén Martín
por Gema Monlleó
Algunos momentos no son ningún momento concreto, son los momentos que apuntan a un futuro proyectado, a un futuro lo suficientemente lejano como para no ser mañana, aunque de una cercanía para ser asumible en una vida. Ese futuro alcanzable es al que escribe Jorie Graham (Nueva York, 1950) en Al 2040.
“Y todo es. Todo es.
¿Te acuerdas?”
El tiempo del poemario, el del hoy que apunta al mañana, es el hoy de una doble enfermedad: la del yo que escribe, que sufre la violencia de los tratamientos contra el cáncer; y la de esta nuestra tierra en ecocidio permanente. Una distancia cronológica que enfatiza en todo momento la experiencia del tiempo en el cuerpo y en la tierra, en la piel y en el clima, en el reguero de afluentes sanguíneos interiores y en la sequía antropocénica (“Todavía estoy / en la tierra. / Mi intervalo / está corregido”). Un tiempo al que la voz de los poemas, profética, especulativa, también —desde el lamento— apocalíptica, abre el foco en lo universal y lo ajusta no sólo en torno a lo íntimo sino también alrededor de lo minúsculo (“Miro arriba antes que el / aire se vuelva irrespirable, / cierro los ojos e intento volver a ver / la corriente. Es un templo. Tiene / prisa. Cómo pudimos / no haber escuchado”). ¿Es el morir de la tierra la suma de todos nuestros morires? ¿Cuánto hay de la naturaleza doliente en el cuerpo, en nuestro cuerpo, y cuánto en el planeta tierra? La falibilidad presente en Al 2040 es, además de temática, estética (“los días pasaron por la / nieve en vez de la nieve por los días”). Los instantes congelados son expresión tanto de la destrucción medioambiental como de la consciencia íntima (experimentada, no sólo teórica) de mortalidad (“Me / vuelvo más ahora hacia los muertos, / cada día más nítidos al acercarme a ellos”). ¿Es la extinción o es la autoextinción la amenaza subyacente (“haz que el día florezca como un trozo de tiempo otra vez”)? ¿Es más determinante el desafío de la mirada desplazada a un/el/la otro/a o la cognición absoluta del yo? ¿Es este yo de reconocimiento “en construcción” la posibilidad de una reorientación?
“no vas a morir
aún, estamos
vivos en la muerte
de esta iteración de la
tierra”
Graham poetiza el tránsito y la extinción danzando en una arquitectura de doble estructura: los poemas en cuartetos cortos y los poemas de verso largo, todos ellos desde el discernimiento de un yo que, al dirigirse al lector en segunda persona, invita a una construcción identitaria cercana, propone un yo-es-otro rimbaudiano. Porque, ¿quién es en Al 2040 el otro? ¿Quién es el tú elíptico? ¿Quién es el presente y quién el ausente? ¿Quién es el yo reflectante y qué refleja exactamente? ¿Cuál es el trampantojo desde el que vernos/verse?
“pero el
polvo se alzó de pronto
en círculo y cayó
vacío de espíritu
de significado.”
Los poemas de Al 2040 oscilan entre los espacios de silencio, ese blanco que respira, en el que respiramos, ese interrogante no sé si retórico o sin respuesta, y los estallidos sintácticos a modo de versos en erupción, de versos que claman por una posibilidad de supervivencia agónica pero no inexistente (“Nos precipitamos. Sí hacia la / muerte, pero con qué alegría”). ¿Se puede escribir, describir, poetizar la inmediatez? ¿Es posible plasmar con precisión y agudeza un ahora que lleva implícita la carga de responsabilidad de un “todavía”? ¿Puede un poema provocar que lo inmediato suceda? ¿Es la forma decreciente de algunos de estos poemas un espejo fisheriano de hedonía depresiva? El cuerpo enfermo de Graham se afirma también en los versos que llegan desde un pasado inmediato, desde un “acaba de pasar” de condición polisémica: el del hecho relatado (“Una vez más, / dice el monitor, / hay que intentar vivir / aquí una vez más”) y el de la asunción de vida (“estás solamente en la historia, no estás en el tiempo, / y no vas a salir /afuera. Aún no. No ha llegado / ese tiempo”). Un sentido del tiempo lírico que no contempla más cronología que la narrada.
“Querido
árbol,
he observado
dónde brotaste y rasgaste la piel para
emerger como un desastre
de belleza”
En Graham la tensión vida vs muerte es también la tensión entre la percepción de la naturaleza y el ser naturaleza (“estábamos equipados / para la vida, armados de evolución e imitación”). Pura fisicidad, pura consciencia de fisicidad. Y cierta esperanza también, no en vano el título Al 2040 es una condición de posibilidad tanto temporal como de interlocución: nos dirigimos al 2040 y en ese 2040 habrá alguien/algo que, por inestable que sea, podrá responder (“Busco / cómo entrar en lo des- / apercibido. Donde las ramas / de los sauces / se curvan cuando / paso. Hay sueño en / ellos, pienso. Hay / deseo”). En un horizonte que arde, donde suenan sirenas (o pitidos de tecnología sanitaria), en el que es posible escuchar, cuando el silencio se impone, el deslizarse de un gusano bajo la tierra y el latido del subsuelo, recuerdo la propuesta, también lírica por más que cinematográfica, de The human hibernation (Anna Cornudella, 2024); allí el desastre ya había sucedido y los modos de vida, ahuyentada la prisa sin sentido contemporánea, se hallaban en comunión. ¿Será este el 2040 al que Graham, por más que proyecte uno distinto, aspira?
“Avanzando así
verás que puedes oír
la tierra respirar,
y dentro, atareado en atravesarla,
el gusano,
y cada movimiento de tierra
que provoca, oírlo, y
el aliento mismo
del gusano, oírlo”
Graham cartografía el hoy/mañana entre un cientificismo de historiadora y un ver “a través de” o “gracias a” casi de médium. Traduce la lluvia, el silencio, la luz beckettiana en la que se han convertido el sol y la luna, y hasta las grabaciones que reproducen los pájaros; traduce también el significado de las minas industriales y pone un altavoz a los estertores de los estratos terrestres (“todo exhalación, expansión, flujo”). La maquinaria capitalista suspende el deseo, el impulso, exalta la arrogancia y aboca a la extinción. La esperanza, que a pesar de todo ello existe, es pura tierra fértil removida o una mirada que se derrama tras los cristales de la sala de radioterapia.
“Yo
me conozco me
digo a mí
misma así que
no puedo ser
extraviada.”
Hay una lógica interna perturbadora en muchos de los poemas de Al 2040, una lógica que no muestra asombro ante un mundo árido y cubierto de nieve, o ante la obsoleta y extinta oscuridad de la noche (“la oscuridad está dentro de tu / boca abierta sin saber qué más queda por / repetir, una especie de aullido sin / tristeza, sin asombro, sin / sabiduría”). Poemas de urgencia onírica que, en un doble interrogatorio de la autora, actúan quizás a modo de monolitos clones de los de Kubrick. ¿Somos nosotros los primates de la pelea inicial de 2001 Odisea en el espacio? ¿O somos los astronautas a los que HAL 9000 va a traicionar?
“Las sombras quieren mostrarnos
el viento. Incluso lo invisible,
dicen las sombras,
está aquí. ¿Estás tú
aquí?”
Metafísica y ontológica, Graham muestra en sus versos un yo que se desmorona al mismo ritmo que la catástrofe ambiental, azuzada por una conciencia humana atrofiada y lastrada por la infiltración digital dominante, así como la pérdida de la autonomía y la aspiración al modelaje perfecto vía IA, vía clonación, vía trampantojo en 3D (“La voz del dron abría en dos el aire. / Hemos matado y / matado, estoy exhausto, vengo de un viejo / camino que pronto se hará / desaparecer”). Los poemas de Al 2040 son, en buena parte, pulso detenido, pulso fijado, pulso del espíritu de la sociedad del cansancio y pulso de una indagación intermitente, perceptiva y testimonial (“la floreciente herida de salida sigue siseando: canta”), acerca de los misterios fundamentales del ser.
“Qué es abrirse.
Qué es abrirse y que quede
solo tu último momento”
En los años 80 Graham estudiaba cine en la Universidad de Nueva York. Un día, en el auditorio del campus, escuchó el último verso de La canción de amor de J. Alfred Prufrock: “hasta que voces humanas nos despiertan y nos hundimos en el agua” (T.S. Eliot). Esa epifanía lírica sumergió a Graham en un idioma nuevo: el de la voz poética, el de su propio despertar profético del alma que hoy, a sus 75 años, se mira a sí misma y al futuro con la lucidez de quien es capaz de hacer las preguntas correctas al presente y al futuro.
“Estamos
acaso ya extinguidos. De quién es
el mapa. ¿Puedo
mirarlo? Dónde está mi
demanda. ¿Es mi historia
verificable? ¿He
incluido el recuerdo
de los animales? Los recuerdos
de los animales. ¿Están
todavía aquí? ¿Estamos
solos?”

